La Fundación Friedrich Ebert y el socialismo español entre 1977 y 1982

Autor: 
Antonio Muñoz Sánchez (Universidade de Lisboa)

Martes, 17 de Septiembre 2013, 18.30hrs
Sala 619, Departamento de Historia Contemporánea de la UNED
Edificio de Humanidades, planta 5ª
C/ Senda del Rey, 7. Madrid.

Lectura del texto estará a cargo de Manuela Aroca (Fundación F. Largo Caballero)

Acostumbrada en los últimos años a considerar la Europa del sur como una fuente inagotable de turbulencias, la República Federal de Alemania (RFA) observaba a la España que despertaba a la democracia tras las elecciones de junio de 1977 con tanta esperanza como preocupación. Hasta entonces, la transición política había avanzado sin grandes problemas porque estaba totalmente controlada por el antiguo régimen, las fuerzas de izquierda se comportaban con moderación y la población mostraba una actitud de gran contención por miedo a una guerra civil. ¿Pero soportaría aquella frágil flor el frio invierno de la profunda crisis económica que se avecinaba? Desde 1973, los sucesivos gobiernos se habían negado a repercutir en los usuarios la subida del precio del petróleo y habían gastado miles de millones de dólares de las arcas del Estado en subvencionarlo. Como resultado, España se encontraba cuatro años más tarde al borde de la bancarrota, la inflación era del 30 % y se había pasado del pleno empleo a tener un millón de parados.
La profunda depresión económica a la que España se dirigía sin remedio hizo aparecer ante los ojos de la clase dirigente alemana el fantasma del comunismo. Pese a su debacle electoral, el Partido Comunista de España (PCE) contaba aún con un gran margen de influencia gracias a la capacidad de sus dirigentes, el dinamismo de sus activistas y, sobre todo, su control de Comisiones Obreras (CCOO). No cabe duda de que Alemania Occidental sobrevaloró al comunismo español. Pese a su aparente solidez, el PCE estaba inmerso desde los comicios de 1977 en un fuerte disenso en torno a la estrategia política, el modelo de organización y el liderazgo, que acabará en pocos años por llevar al partido al borde de la autodestrucción.
Pero, cuanto aquí nos interesa, resulta irrelevante si el análisis de la clase política en Bonn sobre el PCE fue errado o si estuvo dictado más bien por un anticomunismo primario. Lo que realmente cuenta es que el temor al partido de Santiago Carrillo, que había surgido en 1974 al calor de los acontecimientos de la vecina Portugal, se mantuvo en un nivel muy alto pasada la fase crítica de la transición democrática en España y siguió por ello siendo un poderoso motor que impulsó la política de la RFA hacia nuestro país. [...]