La «invención» de la tradición socialista. La historia del PSOE y el XXVII Congreso (mayo-diciembre de 1976)

Autor: 
Juan José de la Fuente Ruiz, (Universidad de Salamanca)

 

Martes, 28 de Mayo 2013, 18.30hrs.
Sala 619, Departamento de Historia Contemporánea de la UNED
Edificio de Humanidades, planta 5ª
C/ Senda del Rey, 7. Madrid
 
Entre los meses de mayo y diciembre de 1976 se sucedieron las declaraciones de los dirigentes del PSOE, que hostigaban al resto de partidos, y muy especialmente a los otros grupos socialistas, para que, «en estos momentos de confusión que vivimos en España», «cada partido defina su identidad, como lo hace el PSOE, que se declara un partido marxista, democrático, federal, autogestionario, internacionalista, de clase, de masas, y que tiene como objetivo la conquista del poder político». Desde octubre de 1974, en que se celebró en Suresnes el XIII Congreso del PSOE en el exilio, se había hecho un esfuerzo consciente por «redefinir» la identidad política e ideológica del Partido Socialista. Este esfuerzo culminó en el siguiente congreso, el número XXVII (diciembre de 1976), el primero celebrado en España tras la larga dictadura franquista, y al que se ha tachado de ser el más «radical» de la historia del socialismo español.
En su intervención ante el XXVII Congreso, el joven Primer Secretario del PSOE, Felipe González ––arropado por los aplausos y los gritos de dos millares de delegados y militantes socialistas que, con los puños en alto, coreaban su nombre––, declaró que la situación actual del partido exigía «serenidad», exigía asumir «el pasado para superarlo, no para anclarnos en él». Y, a continuación, tras asegurar que el PSOE asumía plenamente su «larga y honrosa historia» ––«con todo lo que ella ha comportado de aciertos y errores»–– y volver a recordar que se imponía «la necesidad de una reflexión profunda sobre la identidad del Partido, en un momento histórico en que la expresión socialista se utiliza desde los más variados ángulos y con los más diversificados propósitos», Felipe González ofreció a su entusiasta audiencia un «análisis sosegado de nuestra tarea hasta hoy, de la situación económica, social y política de nuestro país, y de lo que debe ser nuestro partido en este momento histórico». Este empeño por definir lo que el PSOE «debía ser», la obsesión de algunos dirigentes socialistas por mostrar en todo momento y con cualquier pretexto las señas de identidad del partido, las continuas alusiones a la «larga y honrosa historia» del socialismo español, tenían como propósito declarado «reivindicar en exclusiva la tradición socialista». Puesto que únicamente el PSOE (renovado) podía considerarse ––pensaban la mayoría de sus dirigentes–– heredero directo del Partido Socialista nacido hacía ya casi un siglo, y que había desempeñado un papel tan relevante durante la Segunda República, era su deber asegurar esa herencia que les pertenecía por derecho propio contra el expolio de falsos socialismos. [...]